De la chapa al lienzo.
En 1994, Senna conoció la Ducati 916 y encontró en ella algo de sí mismo: la precisión, la belleza y esa necesidad de llevar una máquina al límite. De aquel encuentro nació un proyecto que llevaría su nombre. Senna eligió sus colores, pero nunca llegó a ver la obra terminada. La 916 Senna nació después de su partida, como si la velocidad hubiera encontrado una forma de seguir hablando de él. 300 unidades. Una leyenda que nunca dejó de acelerar.
Acrílico sobre lienzo, textura con enduido y aerosol. Senna arrodillado frente a la 916, cielo de empaste en blanco y negro. Homenaje a la moto que llevó su nombre y que nunca llegó a ver.